Estas son las palabras que dedicaría, de tenerlo, a mi
futuro hijo o hija; las convicciones inamovibles en las que me baso a la hora
de interrelacionarme, y aquellas que deben estar presentes para que una persona
determinada pueda dejar de ser para mí un mero individuo y germine cualquier
tipo de vínculo afectivo. Esto es, en definitiva, lo que exijo... Así como lo
que doy.
No me importa tu sexo, siempre que aprendas a apreciar el
opuesto y ser respetuoso. En una sociedad machista por definición, de ser mujer,
deberás luchar redoblando tus esfuerzos para lograr la consecución de tus
metas, te conmino a, y de hecho te exijo, tratar de revertir la situación en la
medida de tus posibilidades; y por supuesto, a no incurrir en la doble moral que supondría aprovecharte, por sutil que fuera la forma de hacerlo, de tu condición
femenina contribuyendo a tamaña injusticia. De ser un varón, empero, tampoco
hallarás huelga decirlo un camino llano, tu línea de actuación ha de ser
idéntica, sin tratar de imponer jamás tu condición masculina ni sacar cualquier
tipo de provecho de ello. En cualquier caso ya seas mujer o varón, la violencia es algo
deleznable y mezquino, pero lo es más aún con tu pareja; nunca, en ningún caso,
se debe recurrir a la violencia verbal, ni muchísimo menos física.
Para nada es relevante tu orientación sexual; seas
heterosexual, gay, o lesbiana, lo único que espero y deseo para ti es que algún
día logres alcanzar la felicidad junto a otra persona, independientemente también, lo reflejo aunque me gustaría que no fuera necesario dejar constancia de ello, de su procedencia o su color de piel. De ser así, te prometo,
y os prometo a ambos, mi apoyo incondicional y el mayor de mis respetos.
Me es totalmente indiferente, de hacerlo, qué religión
abraces, así como me es indiferente tu ideología política. No trataré de
imponerte mi visión, que obviamente la tengo, en ninguno de estos dos aspectos; te otorgo la más absoluta libertad de elección como mis padres padres me la dieron a mí (hecho que siempre consideré un don muy preciado) siempre y cuando abogues por la
comprensión y la más absoluta tolerancia para/con los demás.
Tampoco considero de gran importancia si decides o no
estudiar y el qué, ni a qué te dediques; siempre que decidas ganarte la vida de
una forma honrada, seas sensible a los problemas de la sociedad y conserves,
llegues a donde llegues, la humildad. Ahora bien, sí considero un punto de
inflexión aunque en principio parezca que incurro en una contradicción, el hecho de que la formación es no sólo una necesidad, sino uno de
los mayores bienes que puedes albergar. Ésta no tiene por qué ser una carrera,
ni tiene por qué adoptar la forma de un máster de varios miles de euros; pero el
estudio concienzudo de la información que cae en tus manos, un conocimiento aunque sea breve de la historia, de
la política, de los temas sociales y cotidianos... Te ayudarán a tener una mente ágil, a no
ser influenciable, y sobre todo a ser crítico y a pensar por ti mismo. Busca tu camino por tus propios medios, sé inconformista, y no
formes parte jamás, independientemente de lo que decidas ser, de la vacua masa que se
deja arrastrar por la inercia de la corriente.
Por último, me gustaría que aprendieras, de corazón, a admirar lo
realmente importante en la vida. No es malo, en principio, querer progresar
económicamente, pero... ¿hasta qué punto? El dinero puede otorgar despreocupación,
cierto bienestar, así como bienes materiales que sin duda codiciarás. ¿Es eso
la felicidad?, a mi juicio no sólo no lo es, reside en conceptos diametralmente
opuestos: en la sencillez, en una conciencia tranquila, en vivir acorde a unos
principios justos, en admirar y respetar tu entorno... Y digo opuestos
porque en su mayoría todos ellos quedan reñidos con la obtención de bienes monetarios
llegados a un determinado punto. Otras cosas, simple y llanamente, escapan de la retorcida e intrincada órbita del dinero,
el calor de una familia o la complicidad de un amigo no pueden ser comprados; tampoco la sensación de paz que irradia al contemplar un bello paraje, el disfrute de una poesía, o la sensación de absoluta realización que te invade ante la escritura, la música, la pintura... O cualquier otra rama artística. Disfruta de lo que realmente te llene, pero aprende a valorar a las personas, siempre, por encima de lo meramente material.

















